Con este
comentario, hoy abrimos el blog de “pobreza y ambiente” al público.
"Pobreza y
medio ambiente" es un término algo vago y como tal puede significar cosas
muy diferentes a gente muy diferente. Para los que escribimos este blog, nuestro
interés está en esas situaciones en las cuales políticas integradas (coordinadas)
de combate a la pobreza y medio ambiente tienen una eficacia (impacto) mayor
que cuando se las diseña y ejecuta por separado. ¿Si esta condición no se
cumple, entonces para que molestarse en diseñar políticas integradas?
Esta condición,
sin embargo, se cumple en varios contextos. Para el que la comida diaria de su
familia depende del salario que gane ese día, le es crucial el evitar
enfermarse, por ejemplo, por mala calidad de agua, o estar debilitado en forma
crónica por exposición crónica a contaminantes. Para el que se encuentra ahorrando
de a poco, por ejemplo, con la esperanza de poder darle a sus hijos la
educación que ellos no tuvieron, le es crucial no tener que perder los ahorros
para reemplazar capital perdido en la última inundación, el último desplome de
ladera, la ultima enfermedad de un familiar. Asimismo, se deben comparar los ventajas económicas inmediatas de la explotación de recursos naturales con las opciones de conservación y desarrollo sostenible. No solo la etica justifica este enfoque sino la teoria economica tambien. La "maximizacion miopica", o la maximizacion por intervalos en vez de a largo plazo, resulta en situaciones sub-optimas.
La inclusión de
la variable ambiental puede hacer que el costo de las políticas de desarrollo
y/o combate a la pobreza sea menor a lo esperado (y así entonces cumplir con la
condición de que sus impactos por unidad de inversión sean mayores). ¿Puede
continuar, como es común en la región, la desconexión entre políticas
ambientales y de desarrollo social? ¿Y a que costo dejamos que esta descoordinación
tenga lugar? Es importante
recordar que no es posible maximizar más que una variable al mismo tiempo. Es
decir, el diseño de políticas integradas de desarrollo/ambiente implica
encontrar un equilibrio entre estas variables. Aunque algunas situaciones se
prestan para soluciones “win-win” en el que todos ganan, otras requieren
acomodar objetivos no siempre compatibles.
Y aquí es
cuando pueden aparecer decisiones algo difíciles de tomar. Al nivel más simple,
el problema puede ser decidir cuánto impacto puede absorber el ecosistema X (y
sus servicios ambientales asociados) dado que se necesita mejorar la seguridad
alimentaria de la población Y. ¿Que opciones existen? ¿Se pueden minimizar esos
impactos? ¿Como?
¿A un nivel más
profundo, es desarrollo sinónimo de un incremento en el nivel de consumo? Para
los más destituidos, aquellos al margen de la sociedad, con hambre y mal
vestidos, muy probablemente la respuesta es un categórico “si”. ¿Pero para el
resto de nosotros? ¿Cuanto impacto ambiental estamos dispuestos a admitir en
función de incrementar nuestra capacidad adquisitiva?
Cuando la
política de desarrollo (y por consiguiente inversión pública) de un país
favorece a una minoría, cuando el costo ambiental es prorrateado a toda la
sociedad (o como es más común, concentrado en los sectores más desprotegidos),
el resultado no solo es éticamente injustificable sino también ineficiente.
A lo largo de este blog, esperamos presentar y discutir ejemplos y características de este tipo de situaciones y fomentar el debate sobre las mismas.
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