En esta nota, repasamos los incidentes en Nigeria de las últimas dos semanas que se originaron por la eliminación de los subsidios a los combustibles y la reacción de la población que termino doblando el brazo del gobierno que no tuvo más salida que dar marcha atrás. El tema es crucial porque refleja los obstáculos que existen para la transición hacia una economía verde, particularmente en términos de los problemas de corto plazo de políticas, que aunque necesarias, dan sus frutos a mediano y largo termino. Los hechos en Nigeria son un ejemplo de lo que constituye el principal obstáculo para la transición hacia un mundo bajo en emisiones de carbono y para internalizar en el precio de venta las externalidades por uso de combustibles fósiles. La dificultad es que aunque la ecuación de costo beneficio de estas políticas es extremadamente positiva en el largo plazo, la transición no es inmaculada y trae consigo fricciones y tensiones, algunas veces, muy serias.
Las fotos que han aparecido de Nigeria en las últimas dos semanas hablan por sí solas. La gente salió a manifestar a la calle y los enfrentamientos con la policía resultaron en varios muertos. Como resultado, la semana pasada, el gobierno cedió a la presión de los manifestantes y restauro la mayoría de los subsidios de combustibles fósiles, lo que inmediatamente resulto en una baja de los precios del combustible.
La eliminación de los combustibles fósiles es un paso importante hacia el cambio a una política de baja emisión de carbono. Después de todo, en el 2011, el sector de combustibles fosiles recibio cerca de seis veces más subsidios de gobierno que aquellos dados a la industria de energía renovable. En pocas palabras, estamos usando un dinero de los contribuyentes para apoyar a una industria que está causando estragos ambientales. Sin duda, estas subvenciones deben ser eliminadas. No?
La respuesta es “Si” pero el “como” no es tan fácil. Con respecto al “Si”, la justificación para la eliminación de estos subsidios en los países en desarrollo no solo es ambiental sino también económico. El subsidio de combustible de Nigeria consume una cuarta parte del presupuesto anual. En caso de eliminarlo, el gobierno afirma que ahorraría 6,500 millones de dólares anuales para invertir en infraestructura (así como mejorar el bajo rendimiento de las refinerías lo que ha obligado a Nigeria a importar su propio petróleo refinado para satisfacer la demanda nacional). Pero esta premisa, por supuesto, depende del gobierno de invertir el dinero de manera efectiva. En Nigeria, así como en varios países de nuestra región Latinoamericana, el que el gobierno gaste en forma efectiva y transparente es un serio problema.
Entonces, ¿por qué el problema en Nigeria? La ira estalló en las calles debido a que la eliminación del subsidio del combustible significo un alza monumental en el precio del transporte y los alimentos, afectando principalmente a los más pobres. La población también se encuentra molesta porque no comprende como el costo de este subsidio para el estado se duplicó en el último año sin haber habido un correspondiente aumento en los productos petrolíferos en el mercado. Es decir, donde fue a parar el aumento en el gasto público destinado al subsidio? El público se pregunta con razón por qué está siendo forzado a asumir el costo del retiro del subsidio de combustible este nuevo año cuando el gobierno ha despilfarrado buena parte del mismo durante el último año para enriquecerse. Suena familiar para Latinoamérica?
El camino hacia economías más verdes es largo, desigual, incómodo y desconocido. Todos los que estamos interesados en un desarrollo sostenible a menudo creemos en una relación entre el medio ambiente, la economía y la sociedad con beneficios múltiples en todas estas escalas. En el mediano y largo plazo, esta apreciación es correcta.
Pero en el corto plazo existen algunas decisiones y políticas difíciles de tomar en donde errores de cálculo pueden ser muy costosos. En el caso de Nigeria, como en tantos otros países, la eliminación de estos subsidios debe ser de forma gradual y acompañada de medidas complementarias para permitir a la maquinaria productiva y tejido social del país acomodarse a los nuevos precios relativos. Se requiere también el tener muy en claro el paisaje de actores y saber de antemano quien pierde, quien gana y cuanto.
Es en manejar estas transiciones donde esta el desafío mas grande y mas difícil y el que nuestros políticos están menos capacitados para enfrentar. “Si mi mandato es de 6 años, para que arriesgar en promover transformaciones de política, que aunque cruciales para el desarrollo del país, solo muestran beneficios en 15 años?” Asi es como nuestra clase gobernante nos camina hacia el abismo.
Hablar de la economía es hablar de política y de las necesidades de la poblacion. Y cómo hemos podido ver con los disturbios en Nigeria, el camino hacia el cambio no es fácil, especialmente si los ciudadanos dudan que sus gobiernos estén trabajando en beneficio de sus intereses y protegiéndolos durante la transición.

Disturbios en Nigeria - Foto: Yahoo.com
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