Hace un tiempo atrás discutíamos los problemas que el comercio genera para la contabilidad de emisiones a nivel nacional por medio de la llamada “tercerización de emisiones”, es decir, ese consumo que no aparece como generando emisiones porque el producto se importa en vez de ser producido en el país.
Esta tercerización del impacto ambiental también se da en otros sectores, por ejemplo el del reciclado donde productos con gran potencial de contaminación son enviados para reciclar a países donde tanto la legislación ambiental como su cumplimiento son débiles. Lo siguiente describe el preocupante caso del envío de baterías desde los Estados Unidos a México:
- La intoxicación crónica por plomo en los niños es difícil de diagnosticar porque los síntomas pueden no ser claramente identificados por la familia como el bajo coeficiente intelectual y problemas de atención. No es posible tener un diagnostico definitivo sin tener los resultados de una prueba de sangre. Existen poco laboratorios para este tipo de pruebas en México y el costo esta alrededor de 100 dólares, lo cual lo deja fuera del alcance de las familias pobres.
- Una muestra de suelo recogida por el periódico The New York Times en el patio de una escuela cercana a una planta de reciclaje de baterías en México mostró un nivel de plomo de 2,000 partes por millón, cinco veces por arriba del límite permitido para áreas de juego de niños en los Estados Unidos. Esta concentración de plomo en suelo seria clasificada en los Estados Unidos como un "riesgo significativo de contaminación por plomo" y demandaría acciones como cubrir la zona con hormigón o proceder a la remoción de la capa superficial de tierra.
- El creciente flujo de baterías desde los Estados Unidos a México es el resultado de nuevas y estrictas normas impuestas por la Agencia de Protección Ambiental de USA (EPA) para contaminación por plomo, que hacen que el reciclaje doméstico sea más difícil y costoso. Sin embargo la ley no prohíbe a las compañías exportar el trabajo y el peligro hacia países en donde los estándares son bajos y la aplicación de la ley es laxa, como México.
- El 20 por ciento de las baterías de vehículos e industriales consumidas en los Estados Unidos se exportan a México, bien por arriba del 6 por ciento que ocurría en el 2007. Unos 20 millones de baterías cruzaron la frontera este año, según estadísticas de comercio de los Estados Unidos, y que no tienen en cuenta las baterías que cruzan por contrabando o mal etiquetadas como “chatarra” o “productos de segunda mano”. Durante el mes de Septiembre del 2011, más de 60 camiones de doble acoplado cargados de baterías cruzaron la frontera todos los días, según los registros de aduana.
- La EPA demanda que los exportadores calculen cuántas baterías estarán exportando a México en el próximo año y especificar la planta receptora. La EPA envía esa documentación a la SEMARNAT, la contraparte mexicana de la EPA, que es responsable de aceptar o rechazar los envíos. En el 2010, la SEMARNAT nunca se negó a recibir un envío.
- El flujo de baterías de los Estados Unidos a México también se ve reflejado en la exportación de plomo de México a China. La cantidad de plomo que sale de México a China casi se ha triplicado en tres años con un estimado de 150 millones de toneladas en el 2011, como lo indican las estadísticas de comercio. En México, la producción de plomo de la minería ha aumentado marginalmente desde 2007 lo que indica que el plomo adicional exportado proviene de la industria del reciclado.
- El negocio es muy atractivo (por supuesto, para aquellos que no tienen que arremangarse para reciclar plomo en condiciones precarias). El precio del plomo ha variado desde 25 hasta 40 centavos de dólar por libra en el último año, un incremento espectacular frente a los 5 centavos la libra de hace una década atrás. Cuanto menor es el costo de extraer el plomo, mayor es el beneficio. Esta realidad alienta el contrabando, ha generado un mercado negro de las baterías y la tendencia a reciclar en condiciones primitivas, lo que baja los costos pero tiene alto impacto sobre la salud de los trabajadores y vecinos a las plantas de reciclado. De hecho, solo hace falta “romper el plástico externo de la batería, tirar el ácido a donde se pueda y vender el plomo extraído a un alto precio"
- Ya afectados por la recesión económica, las compañías recicladoras de baterías en USA están también sufriendo el costo de una regulación más estricta. La EPA ha reducido de manera significativa los niveles permisibles de plomo en las emisiones de chimenea y concentración en el aire dada el creciente cuerpo de prueba que atestigua los efectos devastadores que incluso niveles bajos de plomo pueden tener en la salud. Las compañías recicladoras de USA estiman el costo del cumplimiento de la nuevas normas en alrededor de 20 millones de dólares por planta. Como resultado, cada vez mas operadores envían las baterías a ser recicladas a México, donde el costo es substancialmente menor.
- México tiene algunas normas que rigen la exposición al plomo, y algunas plantas contratan doctores para chequear concentración de plomo en los trabajadores. Pero los resultados no se hacen públicos y en algunos casos ni siquiera a los propios trabajadores. Si los análisis muestran niveles de plomo elevados, los trabajadores son enviados a casa durante algunos días con un analgésico para el dolor de huesos (síntoma que normalmente acompaña a la intoxicación por plomo en adultos).
- Las opiniones sobre responsabilidad difieren de grupo a grupo. Algunos son de la idea de que el reciclaje de baterías provenientes del mercado norteamericano debe hacerse en los Estados Unidos de forma de que esta industria no se transforme en un problema de salud para México. Otros afirman que se necesita un sistema de inspección de recicladores extranjeros de manera de que estos estén al mismo nivel que los presentes en los Estados Unidos. Un tercer grupo, llamado Slab Watchdog presiona para que compañías como Wal-Mart, la cual vende un porcentaje mayor de las baterías consumidas en USA y que se enorgullece de sus operaciones en medio ambiente, garantice que sus baterías se reciclan en el país. Consultado por el estudio del New York Time, un portavoz de la compañía informo que las baterías usadas van a Johnson Controls, la misma empresa que envió el año pasado la mayor cantidad de baterías a México.
(Centro de distribucion de baterias para reciclado en Mexico. Fuente: The New York Times)
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