Con el fracaso en el intento de establecer un mecanismo de “cap and trade” (comercio de control de emisiones) en los Estados Unidos, se ha intensificado el debate acerca de si un mercado de emisiones es la opción correcta o si un impuesto sobre la generación de CO2 sería mejor camino. El debate parece haberse estancado en que aunque un impuesto a las emisiones es más simple de implementar, un mercado de emisiones es políticamente más viable. En las últimas semanas, sin embargo, el tema de “la elasticidad de respuesta” ha entrado al debate añadiendo un aspecto que hasta ahora no había sido tomado muy en cuenta.
El establecer un mercado de emisiones y el fijar un impuesto al carbono son sistemas que principalmente se diferencian en como manejan dos variables críticas: (i) el precio de poder emitir CO2, y (ii) la cantidad final de CO2 emitida. Un mercado de emisiones fija el tope total de emisiones permitidas y deja que el precio de emitir CO2 sea fijado por el mercado. Un impuesto sobre la generación de CO2 fija el precio de emitir gases de efecto invernadero pero deja libre el volumen total emitido.
Como es eso? Un mercado de emisiones distribuye permisos de emisión entre las empresas participantes. En un dado periodo, el número total de permisos es menor que el volumen total de emisiones esperadas y por lo tanto existe un déficit de permisos. Las empresas deben invertir en tecnologías mas limpias para cubrir ese déficit pero como estas inversiones muchas veces solo son rentables a escala, los ahorros en emisiones pueden ser mayores que los estrictamente necesarios y por lo tanto generan un excedente (créditos) que puede venderse en el mercado. El precio final de estos créditos es dado entonces por la oferta y demanda de los mismos, lo cual es función del grado de cambio tecnológico en las empresas participantes así como de los topes a emisiones puestos por la autoridad regulatoria. Cuanto más bajo sea el tope que el gobierno establezca, más caros serán los permisos para emitir CO2. Es por eso que en un mercado de emisiones, la autoridad fija el tope de emisiones y el mercado fija el precio de emitir.
En el caso de un impuesto sobre la generación de CO2, las cosas son más simples (lo cual ha hecho a esta opción la preferida por varios grupos). El gobierno fija un impuesto sobre la generación de CO2 y cada empresa lo debe pagar en función de sus emisiones. Las empresas no están obligadas a cumplir con un tope de emisiones sino a pagar el impuesto en caso de emitir. Si la tasa fijada es baja (el impuesto es barato), es posible que las empresas prefieran pagar y seguir emitiendo pero si la tasa es alta, entonces las inversiones en mejor tecnología se vuelven opciones atractivas.
El resultado es que ambos sistemas llegan a resultados iguales dependiendo del tope fijado a las emisiones (sistema de mercado) y el nivel de la tasa que se fije para el impuesto al carbono. Es por eso que el debate se ha centrado entre simplicidad del sistema (un impuesto es tecnicamente mas fácil de implementar que un sistema de comercio de emisiones) y la factibilidad política (establecer impuestos es siempre politicamente complicado)
Sin embargo, el tema de la elasticidad de respuesta a un impuesto sobre carbono puede complicar las cosas y darle una ventaja imprevista a un mercado de emisiones. El concepto de elasticidad es básico en el análisis económico y refleja nuestro comportamiento en relación a cambios de precio. Cuanto mas caro es un producto, menos demanda tiene pero hay productos para los cuales la reducción en demanda es mayor que para otros. Cuanto menor es la respuesta a un cambio de precio, mas “inelástica” es la relación.
El debate en la web se ha generado a partir de un reporte del FMI donde la elasticidad en el uso de la gasolina se estimo en un 0.2-0.3%, lo cual refleja una alta inelasticidad. Un aumento en la gasolina de 10%%, resultaría en una reducción del consumo de solo 2-3%, algo muy bajo. De ser asi, el costo político de poner un impuesto a la gasolina no tendría mucho sentido y un sistema de cap and trade seria mas ventajoso para lograr mantener emisiones bajo control.
La respuesta a este análisis no se hizo esperar. Primero, los cálculos de FMI parecen bajos y una elasticidad del 0.40% se estima como mas realista (10% de aumento resultaría en una disminución del 4%). La segunda respuesta es que el impuesto no seria a la gasolina per-se sino a las emisiones de CO2s. En ese caso, otros sectores con mayores elasticidades entran en el calculo. Por ejemplo, la elasticidad en los sectores de electricidad, aviación, y otros están en 0.70, 0.60 y 0.50 respectivamente. De todas maneras, el costo político no seria despreciable. Para obtener una reducción de 20% en emisiones se requeriría de un impuesto que aumente el costo de calefacción, electricidad y otros de aproximadamente un 50%.
El debate es importante ya que determinara en gran medida que políticas se llevan a cabo para reducción de emisiones y esto impactara al público en general. El fijar nuevos impuestos a los combustibles fósiles parece ser una plataforma de política difícil de llevar a cabo mientras que un mercado de emisiones, aunque en si un impuesto encubierto, parece tener mas adeptos en países en desarrollo como desarrollados.
Las opciones son bastante validas, pero lo suyo seria obligar a los paises que mas contaminan a que contaminen menos, eso si que seria un gran paso.
Publicado por: Seguridad Social | 05/09/2011 en 05:13 a.m.
Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de seguridad social, el proceso hay que radicarlo de raíz y eso es con estos países que más logran contaminar y hacer prevención con la población, y por que no con estos que van por el mismo camino, crear estas iniciativas pedagógicas también seria un buen paso.
Publicado por: Hoteles Santa Marta | 07/22/2011 en 08:50 a.m.